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domingo, 18 de septiembre de 2016

Crítica de Trono de Sangre.

Akira Kurosawa ha sido siempre el más occidental de los directores japoneses. Su forma de filmar le supuso la censura del régimen de Tojo durante la Segunda Guerra Mundial. Queda patente que su obra es la gran triunfadora del cine japonés en Occidente, que sus influencias son John Ford y que ha sido Kurosawa el que mejor ha adaptado a Shakespeare a la gran pantalla.

Trono de Sangre, filmada en 1957, es una clara adaptación de MacBeth de Shakespeare. En ella la sombra de la traición, del engaño, de la corrupción y de las ansias de poder están omnipresnetes en todos lados. Aunque el escenario de la película cambia con respecto a la obra original, las temáticas están ahí y el desarrollo de la trama es totalmente similar.

En esta adaptación con Samurais y en el marco del Japón feudal lleno de guerras civiles el capitán Washizu, interpretador por Toshiro Mifune, es un prestigioso militar y uno de los favoritos de su señor feudal. Sin embargo el acaba ambicionando más y más y una serie de profecías le llevarán a tratar de luchar y hacerse con el poder.

De forma magistral, Kurosawa usa la climatología para crear una sensación de desolación y una atmósfera opresiva sobre el entorno en el que se desarrolla la cinta. Se crea pues un espacio fantasmagórico, donde los personajes vagan movidos por sus peores pasiones en unas ansias inmensas de poder y una ceguera ante las profecías que serán las causas de sus perdiciones.

Y lejos de ser esto un punto negativo con respecto a la cinta, es justo lo contrario, el espectador es consciente desde el primer momento de todo lo trágico que está por acontecer, las peores pasiones humanas envuelven todo el relato y predicen el desarrollo de los acontecimientos.

Esta decadencia y locura están magistralmente interpretadas por Toshiro Mifune, dando lo mejor de su carga dramática y su talento interpretativo. Kurosawa, juega con esas sensaciones, mostrándonos con un acertada fotografía en blanco y negro los diferentes momentos de tensión y de desolación. No necesita Kurosawa mostrar grandes batallas para mostrar el horror de la guerra y la decadencia. Los diálogos de los personajes, adaptados a la perfección reflejan una época de terror y caos, donde la muerte y la traición eran asuntos cotidianos.

Trono de Sangre es en todos los sentidos una película magistral, tanto la puesta en escena, la dirección, la fotografía y las interpretaciones llenan todos y cada uno de los minutos de la cinta. Tanto al principio como al final, la canción con fantasmagórica melodía relata lo que será la tragedia y como el círculo se cierra, dando paso a más historias de tragedia y traiciones en una época de guerras civiles. Kurosawa de tal manera entronca la tradición y fascinante Historia de su país con la obra de unos de los mayores dramaturgos de la literatura occidental. Una película absolutamente recomendable y todo un clásico de la Historia del Cine.

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