Ayer me sucedió algo realmente curioso, tengo amistad con el señor Fran Capa, un joven estudiante de arte dramático que hace poco tiempo filmó una película en Hornachuelos, provincia de Córdoba que se llama Ouroboros. La cinta todavía no ha sido estrenada y se está barajando enviarla a varios festivales, no obstante he tenido la fortuna de acceder en primicia primiciosa a este pase privado en casa de mi amigo y he aquí mi impresión.
Ouroboros no es una cinta comercial para el gran pública. Es una cinta introspectiva, personal, filosófica, teosófica y muy mística. Contiene una gran carga simbólica en cada uno de sus planos y tomas de cámara, así como en la notable actuación de ambos protagonistas. Trata sobre una pareja de monjes, que tras el incendio del Monasterio de Hornachuelos, sus almas vagan sin rumbo por el Purgatorio, buscando de alguna manera la salvación eterna y llegar al Paraiso.
Cabe destacar que la película hace uso de la iluminación natural y de una preciosa fotografía usando los bellos parajes naturales donde han localizado la película y mostrando el constraste de colores, el verde de los árboles, el marrón de la tierra, el azul del cielo fundiéndose con el agua. Además la fotografía y los planos cuidados hacen que toda la cinta tenga un marcado aire de desolación personal que acompaña al dolor y el camino espiritual de los dos personajes.
La cinta me recordó en gran medida a Edipo Re de Pasolini o a la Sangre de un Poeta de Jean Cocteau. Debido a la profunda simbología que despreden cada toma de la película, el uso majestuoso de los planos secuencia y la preciosa banda sonora compuesta por Mihály Vig, compositor de las películas del director húngaro Bela Tar. En conjunto hace una obra de culto bastante interesante, que aunque no creo que sea del gusto del gran público, para un espectador atento y culto puede sacarle muchísimo jugo a toda la cinta y que da para muchísimos revisionados. Espero que sea debidamente premiada en los festivales y que esta opera prima, sea un prometedor comienzo para todos los involucrados en ella. Ojalá, si algún día llego a filmar yo algo, esté a la altura de este producto de gran calidad.
Blog dedicado a la crítica cinematográfica y a cualquier otro aspecto de interés cultural.
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martes, 20 de septiembre de 2016
domingo, 18 de septiembre de 2016
Crítica de Trono de Sangre.
Akira Kurosawa ha sido siempre el más occidental de los directores japoneses. Su forma de filmar le supuso la censura del régimen de Tojo durante la Segunda Guerra Mundial. Queda patente que su obra es la gran triunfadora del cine japonés en Occidente, que sus influencias son John Ford y que ha sido Kurosawa el que mejor ha adaptado a Shakespeare a la gran pantalla.
Trono de Sangre, filmada en 1957, es una clara adaptación de MacBeth de Shakespeare. En ella la sombra de la traición, del engaño, de la corrupción y de las ansias de poder están omnipresnetes en todos lados. Aunque el escenario de la película cambia con respecto a la obra original, las temáticas están ahí y el desarrollo de la trama es totalmente similar.
En esta adaptación con Samurais y en el marco del Japón feudal lleno de guerras civiles el capitán Washizu, interpretador por Toshiro Mifune, es un prestigioso militar y uno de los favoritos de su señor feudal. Sin embargo el acaba ambicionando más y más y una serie de profecías le llevarán a tratar de luchar y hacerse con el poder.
De forma magistral, Kurosawa usa la climatología para crear una sensación de desolación y una atmósfera opresiva sobre el entorno en el que se desarrolla la cinta. Se crea pues un espacio fantasmagórico, donde los personajes vagan movidos por sus peores pasiones en unas ansias inmensas de poder y una ceguera ante las profecías que serán las causas de sus perdiciones.
Y lejos de ser esto un punto negativo con respecto a la cinta, es justo lo contrario, el espectador es consciente desde el primer momento de todo lo trágico que está por acontecer, las peores pasiones humanas envuelven todo el relato y predicen el desarrollo de los acontecimientos.
Esta decadencia y locura están magistralmente interpretadas por Toshiro Mifune, dando lo mejor de su carga dramática y su talento interpretativo. Kurosawa, juega con esas sensaciones, mostrándonos con un acertada fotografía en blanco y negro los diferentes momentos de tensión y de desolación. No necesita Kurosawa mostrar grandes batallas para mostrar el horror de la guerra y la decadencia. Los diálogos de los personajes, adaptados a la perfección reflejan una época de terror y caos, donde la muerte y la traición eran asuntos cotidianos.
Trono de Sangre es en todos los sentidos una película magistral, tanto la puesta en escena, la dirección, la fotografía y las interpretaciones llenan todos y cada uno de los minutos de la cinta. Tanto al principio como al final, la canción con fantasmagórica melodía relata lo que será la tragedia y como el círculo se cierra, dando paso a más historias de tragedia y traiciones en una época de guerras civiles. Kurosawa de tal manera entronca la tradición y fascinante Historia de su país con la obra de unos de los mayores dramaturgos de la literatura occidental. Una película absolutamente recomendable y todo un clásico de la Historia del Cine.
Trono de Sangre, filmada en 1957, es una clara adaptación de MacBeth de Shakespeare. En ella la sombra de la traición, del engaño, de la corrupción y de las ansias de poder están omnipresnetes en todos lados. Aunque el escenario de la película cambia con respecto a la obra original, las temáticas están ahí y el desarrollo de la trama es totalmente similar.
En esta adaptación con Samurais y en el marco del Japón feudal lleno de guerras civiles el capitán Washizu, interpretador por Toshiro Mifune, es un prestigioso militar y uno de los favoritos de su señor feudal. Sin embargo el acaba ambicionando más y más y una serie de profecías le llevarán a tratar de luchar y hacerse con el poder.
De forma magistral, Kurosawa usa la climatología para crear una sensación de desolación y una atmósfera opresiva sobre el entorno en el que se desarrolla la cinta. Se crea pues un espacio fantasmagórico, donde los personajes vagan movidos por sus peores pasiones en unas ansias inmensas de poder y una ceguera ante las profecías que serán las causas de sus perdiciones.
Y lejos de ser esto un punto negativo con respecto a la cinta, es justo lo contrario, el espectador es consciente desde el primer momento de todo lo trágico que está por acontecer, las peores pasiones humanas envuelven todo el relato y predicen el desarrollo de los acontecimientos.
Esta decadencia y locura están magistralmente interpretadas por Toshiro Mifune, dando lo mejor de su carga dramática y su talento interpretativo. Kurosawa, juega con esas sensaciones, mostrándonos con un acertada fotografía en blanco y negro los diferentes momentos de tensión y de desolación. No necesita Kurosawa mostrar grandes batallas para mostrar el horror de la guerra y la decadencia. Los diálogos de los personajes, adaptados a la perfección reflejan una época de terror y caos, donde la muerte y la traición eran asuntos cotidianos.
Trono de Sangre es en todos los sentidos una película magistral, tanto la puesta en escena, la dirección, la fotografía y las interpretaciones llenan todos y cada uno de los minutos de la cinta. Tanto al principio como al final, la canción con fantasmagórica melodía relata lo que será la tragedia y como el círculo se cierra, dando paso a más historias de tragedia y traiciones en una época de guerras civiles. Kurosawa de tal manera entronca la tradición y fascinante Historia de su país con la obra de unos de los mayores dramaturgos de la literatura occidental. Una película absolutamente recomendable y todo un clásico de la Historia del Cine.
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miércoles, 14 de septiembre de 2016
Crítica a Tarde para la Ira.
Raul Arévalo debuta en la dirección con esta propuesta de cine negro cañí, siguiendo la estela de la Isla Mínima, Grupo 7, Magical Girl o Celda 211. Se podría afirmar, que existe ya un subgénero cinematográfico propio sobre este tema; crímenes, misterios, venganzas y violencia bajo la pátina de lo más cotidiano de nuestra piel de toro y de nuestra idiosincrasia, heredero del cine kinki y un impulso revitalizador de la filmografia española, tanto que ya se oyen cánticos de queja contra "otro thriller español más". No obstante sigo con atención este nuevo género y su presencia en los medios y acostumbro a no faltar a ver estas películas.
Raul Arévalo no decepciona en su primera vez tras la cámara. Opta por filmar a cámara en mano, planos subjetivos y cercanos, alarga y acorta a placer. Siempre al servicio de la narración, los planos generales son contemplativos y llenos de vida o de odio o de amor. Llega a mostrar con talento la intimidad de una pareja o la crueldad de una muerte, la soledad de los personajes o el sentimiento de la ira y como se dejan llevar por este pecado.
La película versa sobre un viaje al infierno, como Curro, interpretado por Luis Callejo, un hombre recién salido de la cárcel y que busca normalizar su vida, es arrastrado en un ad inferos por un misterioso personaje dominado por la venganza y el odio. Se establece aquí un duelo interpretativo entre Antonio de la Torre y Callejo donde la incertidumbre predomina a lo largo de todo el relato.
Tanto la fotografía como la banda sonora están deliciosamente planeadas al servicio de la violencia y la tensión de la cinta. Tambores rítmicos, casi rituales, sonando de forma constante, simbolizando este particular duelo a garrotazos. Los personajes son retratados de forma goyesca en su etapa negra, rozando lo retorcido y la pérdida total de humanidad y de sentimientos positivos en este trayecto demencial. La fotografía es de tonos cálidos y secos, evidenciando la torridez del verano peninsular y la desolación del páramo que es Castilla, tendida bajo el Sol más justiciero y con total falta de clemencia hacia los personajes.
El elenco está totalmente atrapado por sus pasiones y sus odios y se mueven presos de estos deseos y sentimientos negativos, haciendo que la tragedia sea palpable a cada momento de la película y creando una sensación de intranquilidad en el espectador conforme la película avanza.
El guión peca si acaso de ser un poco tramposo y dejar algunos cabos sueltos sin resolver o que se dan por supuestos, no obstante no deja de ser un producto de altísima y notable calidad, demostrando que con pocos medios se pueden hacer grandes productos culturales y muy a la altura. Una película no apta para cualquier estómago pero sin embargo, altamente recomendable.
Raul Arévalo no decepciona en su primera vez tras la cámara. Opta por filmar a cámara en mano, planos subjetivos y cercanos, alarga y acorta a placer. Siempre al servicio de la narración, los planos generales son contemplativos y llenos de vida o de odio o de amor. Llega a mostrar con talento la intimidad de una pareja o la crueldad de una muerte, la soledad de los personajes o el sentimiento de la ira y como se dejan llevar por este pecado.
La película versa sobre un viaje al infierno, como Curro, interpretado por Luis Callejo, un hombre recién salido de la cárcel y que busca normalizar su vida, es arrastrado en un ad inferos por un misterioso personaje dominado por la venganza y el odio. Se establece aquí un duelo interpretativo entre Antonio de la Torre y Callejo donde la incertidumbre predomina a lo largo de todo el relato.
Tanto la fotografía como la banda sonora están deliciosamente planeadas al servicio de la violencia y la tensión de la cinta. Tambores rítmicos, casi rituales, sonando de forma constante, simbolizando este particular duelo a garrotazos. Los personajes son retratados de forma goyesca en su etapa negra, rozando lo retorcido y la pérdida total de humanidad y de sentimientos positivos en este trayecto demencial. La fotografía es de tonos cálidos y secos, evidenciando la torridez del verano peninsular y la desolación del páramo que es Castilla, tendida bajo el Sol más justiciero y con total falta de clemencia hacia los personajes.
El elenco está totalmente atrapado por sus pasiones y sus odios y se mueven presos de estos deseos y sentimientos negativos, haciendo que la tragedia sea palpable a cada momento de la película y creando una sensación de intranquilidad en el espectador conforme la película avanza.
El guión peca si acaso de ser un poco tramposo y dejar algunos cabos sueltos sin resolver o que se dan por supuestos, no obstante no deja de ser un producto de altísima y notable calidad, demostrando que con pocos medios se pueden hacer grandes productos culturales y muy a la altura. Una película no apta para cualquier estómago pero sin embargo, altamente recomendable.
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Crítica a Los Hombres Libres de Jones.
El director Gary Ross presenta un correcto drama sobre la Guerra de Secesión Estadounidense. Parece que al otro lado del Atlántico, las heridas del conflicto civil no terminan de cerrarse y el rebrote de racismo y de muertes violentas de personas negras a manos de agentes de la ley, así como las revueltas del año pasado de Baltimore evidencian estas tensiones creadas.
Free State of Jones da una cuidada mirada a esta bruma de la Historia, como decía Braudel. Se trata de una anécdota que apenas altera el curso de la Historia y que sin embargo es una aventura que merece ser conocida y que merece ser contada. La rebelión del condado de Jones no supuso un vuelco en la guerra y a nivel de resolución no dejó de ser un apéndice, no obstante se suma a la larga lista de lucha por los derechos sociales y civiles en los Estados Unidos. Y es que la rebelión del Condando de Jones fue protagonizada por la masa campesina y la masa esclava liberada y estos hombres y mujeres se alzaron en armas contra un gobierno aristocrático que mandaba a los pobres a luchar por el derecho de los ricos a tener a esclavos.
Free State of Jones muestra una cuidada ambientación de la época histórica y se suma a Cold Mountain a mostrar la figura del desertor rebelde con ganas de ir a su hogar y acabar con la locura. Matthew Mcconaughey encarna a Newton Knights, el peculiar héroe de esta odisea. Un hombre asqueado de la guerra que decide desertar y que siembra el sentimiento de desidia ante la guerra entre sus compañeros. No obstante al ver las injusticias y verse en búsqueda y captura, el mismo decide volver a emprender la lucha por una causa en la que cree. Recuerda demasiado al detective Rust Cohle en True Dective, al darle el matiz de héroe taciturno, oscuro y de profundo estoicismo. Gugu Mbatha-Raw, la contra parte femenina de McConaughey, interpreta a una esclava sanadora que además se sumará a la rebelión del Condando de Jones, correctamente interpretado y primera vez que veo a esta actriz en pantalla.
La fotografía se muestra correcta en todo momento, no es que haya un especial juego de encuadres y luces, no obstante si predominan los primeros planos emotivos sobre tal o cual personaje. Si es reseñable como se muestra en colores cálidos los momentos de romance con tonos más fríos en los momentos de tensión. La música sin embargo apenas destaca, no es una de esas bandas sonoras a recordar, ni chirría ni te hace tararear.
Aunque la película no destaca por su dirección, si mantiene el ritmo en general y el trabajo de Matthew McConaughey hace que la película avance. Veo un error en la cinta el introducir una trama paralela en un descendiente del protagonista y como un siglo después tiene que lidiar con los tribunales racistas del Estado de Mississippi.
Quizás la película también peque de cierto tono documental para una historia de tanto calado humano, en vez de apostar más por el drama épico, la película se esfuerza en ser pedagógica y agradezco ese esfuerzo, pero esa pedagogía debería de ser sutil y no ser tan obvia y a costa de restarle ritmo a la película.
Sin embargo me parece todo un acierto de casting, al mostrar las batallas que se suceden a lo largo del Condado de Jones, como se entremezclan hombres y mujeres, blancos o negros, evidenciando que esta lucha y esta revuelta no era cosa solamente de un solo hombre, si no que era un trabajo plural y en comunidad. Siendo de agradecer el poder presenciar a personas negras y blancas luchando codo con codo y a hombres y mujeres empuñando los Colt Navy y los mosquetes de chispa contra quienes iban a quitarles el trabajo de sus tierras.
Aunque oportuna y necesaria y bien hecha. Free State of Jones acaba siendo más un proyecto para personas curiosas de la Guerra Civil Americana, fans de McConaughey y personas interesadas en movimientos civiles. No obstante a mi personalmente me agradó sobradamente, aunque reconociendo los defectos de la cinta.
Free State of Jones da una cuidada mirada a esta bruma de la Historia, como decía Braudel. Se trata de una anécdota que apenas altera el curso de la Historia y que sin embargo es una aventura que merece ser conocida y que merece ser contada. La rebelión del condado de Jones no supuso un vuelco en la guerra y a nivel de resolución no dejó de ser un apéndice, no obstante se suma a la larga lista de lucha por los derechos sociales y civiles en los Estados Unidos. Y es que la rebelión del Condando de Jones fue protagonizada por la masa campesina y la masa esclava liberada y estos hombres y mujeres se alzaron en armas contra un gobierno aristocrático que mandaba a los pobres a luchar por el derecho de los ricos a tener a esclavos.
Free State of Jones muestra una cuidada ambientación de la época histórica y se suma a Cold Mountain a mostrar la figura del desertor rebelde con ganas de ir a su hogar y acabar con la locura. Matthew Mcconaughey encarna a Newton Knights, el peculiar héroe de esta odisea. Un hombre asqueado de la guerra que decide desertar y que siembra el sentimiento de desidia ante la guerra entre sus compañeros. No obstante al ver las injusticias y verse en búsqueda y captura, el mismo decide volver a emprender la lucha por una causa en la que cree. Recuerda demasiado al detective Rust Cohle en True Dective, al darle el matiz de héroe taciturno, oscuro y de profundo estoicismo. Gugu Mbatha-Raw, la contra parte femenina de McConaughey, interpreta a una esclava sanadora que además se sumará a la rebelión del Condando de Jones, correctamente interpretado y primera vez que veo a esta actriz en pantalla.
La fotografía se muestra correcta en todo momento, no es que haya un especial juego de encuadres y luces, no obstante si predominan los primeros planos emotivos sobre tal o cual personaje. Si es reseñable como se muestra en colores cálidos los momentos de romance con tonos más fríos en los momentos de tensión. La música sin embargo apenas destaca, no es una de esas bandas sonoras a recordar, ni chirría ni te hace tararear.
Aunque la película no destaca por su dirección, si mantiene el ritmo en general y el trabajo de Matthew McConaughey hace que la película avance. Veo un error en la cinta el introducir una trama paralela en un descendiente del protagonista y como un siglo después tiene que lidiar con los tribunales racistas del Estado de Mississippi.
Quizás la película también peque de cierto tono documental para una historia de tanto calado humano, en vez de apostar más por el drama épico, la película se esfuerza en ser pedagógica y agradezco ese esfuerzo, pero esa pedagogía debería de ser sutil y no ser tan obvia y a costa de restarle ritmo a la película.
Sin embargo me parece todo un acierto de casting, al mostrar las batallas que se suceden a lo largo del Condado de Jones, como se entremezclan hombres y mujeres, blancos o negros, evidenciando que esta lucha y esta revuelta no era cosa solamente de un solo hombre, si no que era un trabajo plural y en comunidad. Siendo de agradecer el poder presenciar a personas negras y blancas luchando codo con codo y a hombres y mujeres empuñando los Colt Navy y los mosquetes de chispa contra quienes iban a quitarles el trabajo de sus tierras.
Aunque oportuna y necesaria y bien hecha. Free State of Jones acaba siendo más un proyecto para personas curiosas de la Guerra Civil Americana, fans de McConaughey y personas interesadas en movimientos civiles. No obstante a mi personalmente me agradó sobradamente, aunque reconociendo los defectos de la cinta.
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sábado, 13 de agosto de 2016
Batman: Asalto en Arkham.
Tras el reciente chasco que ha supuesto Escuadrón Suicida de David Ayer, las tintas se han cargado contra esta burda adaptación de este título de DC Comics. Ayer ha planteado la cinta como un 12 del Patíbulo descafeinado, donde se recluta a un grupo de criminales convictos con aptitudes especiales para misiones secretas muy peligrosas. La cinta acaba resultando un frívolo festival de la licra con personajes desaprovechados, trama bastante previsible, una banda sonora escogida de tus canciones favoritas de YouTube en bucle y una fotografía con muchos colorines brillantes. Se insiste en la película sobre que malvados son los protagonistas una y otra vez, para al final resultar ser una panda de antihéroes con vínculos de solidaridad entre ellos en absoluto justificados.
En resumen, una película floja en todos los sentidos que se salva exclusivamente por las actuaciones de Will Smith y Margott Robie. Comentando el pobre, aunque ciertamente entretenido producto. Llegué ante Batman: Asalto en Arkham, una cinta de animación sobre el Escuadrón Suicida y sus arriesgadas misiones. El espíritu de 12 del Patíbulo seguía ahí, sin embargo la película alcanza una identidad propia en muchísimos sentidos y en una duración menor, lograba introducir a todos los personajes, el por qué de la misión y profundizar en las relaciones entre estos.
La película comienza planteando el conflicto que tiene Amanda Waller con Enigma, no ha podido eliminarlo y Batman lo ha encerrado en Arkham. Por ello requiere al grupo de villanos para poder recuperar la información de Enigma y deberán infiltrarse en Arkham. Waller se muestra despótica y tiránica, proteger los secretos de EEUU no tiene coste suficientemente elevado y tratará de hacer todo lo posible para tenerlos a salvo.
A modo de títulos de crédito iniciales se nos presenta a los personajes que formarán parte de esta misión y las instrucciones que se les dará para completarla. Si fracasan, desobedecen o son capturados el castigo es la muerte. Si triunfan se reducirán sus condenas. Con esta premisa la película parte y nos conduce a este grupo de villanos a esta aventura cargada de peligros y de emociones.
Las escenas de acción están animadas con bastante calidad y buena labor de animación. Son fluidas y flexibles, bien animadas y sin recursos pobres para solventar los problemas. Los diseños de los personajes son únicos y característicos. Me gustaron especialmente el de Harley Queen que con la expresión de sus ojos logra dar auténtico miedo y crear desconcierto y el de Capitán Boomerang con su gesto sardónico de australiano del infierno. La química entre personajes es genial, muestra lo que son un grupo de villanos obligados a combatir codo con codo por las circustancias. Muestran sus sentimientos egoistas y su deseo de escapar y supervivencia.
La película consigue ser un conjunto muy digno y bien resuelto, en su corta duración presenta a los personajes, sus motivaciones y la trama. Así mismo las diferentes tramas secundarias están bien entroncadas y logran resolverse todas y cada una de ellas con acierto.
Si os dejó mal sabor de boca El Escuadrón Suicida, la dirección de Jay Oliva e Ethan Spaulding no os desfraudará en Batman: Asalto en Arkham. Aunque con el pequeño matiz de que Batman es un secundario de la trama, siendo los protagonistas absolutos los miembros del Escuadrón Suicida.
Una película absolutamente recomendable.
En resumen, una película floja en todos los sentidos que se salva exclusivamente por las actuaciones de Will Smith y Margott Robie. Comentando el pobre, aunque ciertamente entretenido producto. Llegué ante Batman: Asalto en Arkham, una cinta de animación sobre el Escuadrón Suicida y sus arriesgadas misiones. El espíritu de 12 del Patíbulo seguía ahí, sin embargo la película alcanza una identidad propia en muchísimos sentidos y en una duración menor, lograba introducir a todos los personajes, el por qué de la misión y profundizar en las relaciones entre estos.
La película comienza planteando el conflicto que tiene Amanda Waller con Enigma, no ha podido eliminarlo y Batman lo ha encerrado en Arkham. Por ello requiere al grupo de villanos para poder recuperar la información de Enigma y deberán infiltrarse en Arkham. Waller se muestra despótica y tiránica, proteger los secretos de EEUU no tiene coste suficientemente elevado y tratará de hacer todo lo posible para tenerlos a salvo.
A modo de títulos de crédito iniciales se nos presenta a los personajes que formarán parte de esta misión y las instrucciones que se les dará para completarla. Si fracasan, desobedecen o son capturados el castigo es la muerte. Si triunfan se reducirán sus condenas. Con esta premisa la película parte y nos conduce a este grupo de villanos a esta aventura cargada de peligros y de emociones.
Las escenas de acción están animadas con bastante calidad y buena labor de animación. Son fluidas y flexibles, bien animadas y sin recursos pobres para solventar los problemas. Los diseños de los personajes son únicos y característicos. Me gustaron especialmente el de Harley Queen que con la expresión de sus ojos logra dar auténtico miedo y crear desconcierto y el de Capitán Boomerang con su gesto sardónico de australiano del infierno. La química entre personajes es genial, muestra lo que son un grupo de villanos obligados a combatir codo con codo por las circustancias. Muestran sus sentimientos egoistas y su deseo de escapar y supervivencia.
La película consigue ser un conjunto muy digno y bien resuelto, en su corta duración presenta a los personajes, sus motivaciones y la trama. Así mismo las diferentes tramas secundarias están bien entroncadas y logran resolverse todas y cada una de ellas con acierto.
Si os dejó mal sabor de boca El Escuadrón Suicida, la dirección de Jay Oliva e Ethan Spaulding no os desfraudará en Batman: Asalto en Arkham. Aunque con el pequeño matiz de que Batman es un secundario de la trama, siendo los protagonistas absolutos los miembros del Escuadrón Suicida.
Una película absolutamente recomendable.
jueves, 11 de agosto de 2016
La Vida Secreta de Walter Mitty.
Este amable remake dirigido y protagonizado por Ben Stiller nos narra la vida de un hombre normal y corriente. Podría ser cualquiera de las personas que lee esto, podría ser yo mismo. Es un hombre amable, con un trabajo sacrificado y una vida sensible. Stiller nos presenta a Mitty como un hombre inseguro, con tendencia a la fantasía y a soñar. El personaje desconecta y se imagina situaciones fantásticas donde aparece como un épico héroe de acción resolviendo problemas.
Con sensibilidad, Stiller hace que al ver la película empatices y te identifiques con Mitty ¿quién no querría ser alguna vez Batman, Superman o Wonder Woman? ¿Quién no ha soñado despierto imaginándose en situaciones increíbles y emocionantes? Esos pequeños pensamientos, secretos que todos tenemos pero que no compartimos. Esas briznas de imaginación desatada para sobrellevar el día a día y la existencia. No obstante Mitty deberá dejar su mundo de fantasía y abordar problemas reales, problemas con los que se podría decir que siempre ha soñado, pero de esta forma deberá avanzar y conocerse a sí mismo como persona.
Stiller encarna a la perfección a este hombre que en el fondo puede ser cualquiera. Con sus fantasías y sus ilusiones, con sus victorias y derrotas y parafraseando a Kipling, tratando de igual manera a estos dos impostores. La contra parte femenina del reparto la lleva Kristen Wigg, encarnando a una persona normal y corriente, trabajadora y curranta que supondrá el flechazo de Mitty, un papel correctamente llevado.
La película se mueve mediante el buen uso del McGuffin, un negativo de una imagen de uno de los mejores fotógrafos del mundo y que mantiene una amistad a distancia y laboral con Mitty, la pérdida de este negativo impulsará a Mitty a salir adelante en la gran aventura de su vida.
Stiller dirige bien, la película contiene planos bastante cuidados y bellos, destacando la belleza de sus encuadres y la espectacularidad de los paisajes que muestra. Tanto los del mundo urbano como los del mundo rural y el mundo natural. Además la música se auna a la expresión naturalista de la fotografía dando muestras de gran belleza y sensibilidad en el trato de la película.
La Vida Secreta de Walter Mitty es una oda a la sensibilidad y a las personas soñadoras y que no dejan de usar su imaginación en su día a día, pero sin dejar que los sueños dominen. Una pequeña gran película sobre una enorme persona. Totalmente recomendable.
Con sensibilidad, Stiller hace que al ver la película empatices y te identifiques con Mitty ¿quién no querría ser alguna vez Batman, Superman o Wonder Woman? ¿Quién no ha soñado despierto imaginándose en situaciones increíbles y emocionantes? Esos pequeños pensamientos, secretos que todos tenemos pero que no compartimos. Esas briznas de imaginación desatada para sobrellevar el día a día y la existencia. No obstante Mitty deberá dejar su mundo de fantasía y abordar problemas reales, problemas con los que se podría decir que siempre ha soñado, pero de esta forma deberá avanzar y conocerse a sí mismo como persona.
Stiller encarna a la perfección a este hombre que en el fondo puede ser cualquiera. Con sus fantasías y sus ilusiones, con sus victorias y derrotas y parafraseando a Kipling, tratando de igual manera a estos dos impostores. La contra parte femenina del reparto la lleva Kristen Wigg, encarnando a una persona normal y corriente, trabajadora y curranta que supondrá el flechazo de Mitty, un papel correctamente llevado.
La película se mueve mediante el buen uso del McGuffin, un negativo de una imagen de uno de los mejores fotógrafos del mundo y que mantiene una amistad a distancia y laboral con Mitty, la pérdida de este negativo impulsará a Mitty a salir adelante en la gran aventura de su vida.
Stiller dirige bien, la película contiene planos bastante cuidados y bellos, destacando la belleza de sus encuadres y la espectacularidad de los paisajes que muestra. Tanto los del mundo urbano como los del mundo rural y el mundo natural. Además la música se auna a la expresión naturalista de la fotografía dando muestras de gran belleza y sensibilidad en el trato de la película.
La Vida Secreta de Walter Mitty es una oda a la sensibilidad y a las personas soñadoras y que no dejan de usar su imaginación en su día a día, pero sin dejar que los sueños dominen. Una pequeña gran película sobre una enorme persona. Totalmente recomendable.
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viernes, 17 de junio de 2016
Queimada o como hacer Historiografía en cine.
Guillo Pontecorvo es un autor profundamente político y de una carga marxista bastante importante en su obra, pues aborda las problemáticas históricas en sus filmes desde una perspectiva de lucha de clases.
En el caso de Queimada, la problemática que se aborda es la de los procesos de descolonización en América del Sur, concretamente en las Antillas y la zona caribeña. Una región con unas explotaciones agrícolas sumamente rentables y que la tierra estaba en manos de las autoridades coloniales que las explotaban teniendo a la población en un estado de esclavitud. Como en muchísimas islas del Caribe, la población originaria fue aniquilada y asesinada por la llegada de los europeos y la fuerza de trabajo recayó sobre los esclavos negros traídos del África Occidental Subsahariana.
Guillo Pontecorvo, en su imaginada Queimada hace que esta isla esté en posesión de Portugal y no de España, quizás motivos comercialización o de producción, Reino Unido no habría interferido en un aliado que además le hacía la zancadilla comercial a los intereses de la corona española. No obstante esta ambientación imaginaria sirve para ilustrar muy bien los diferentes procesos de descolonización que se llevaron a cabo tras las Guerras Napoleónicas en América del Sur.
Pontecorvo usa a Marlon Brando como representación de los agentes de la inteligencia británica dedicados a sembrar la semilla de la revolución entre negros y criollos contra el gobierno de la metrópolis. Aprovecha la obvia situación de injusticia para prender la hoguera revolucionaria que llevará a la inevitable expulsión de las fuerzas coloniales de la metrópolis.
En boca del personaje de Brando se plantea la dicotomía del verdadero fin de la esclavitud, es simplemente más barato para el patrón tener a la fuerza de trabajo asalariada que mantenerla esclava y librarse de este modo de su manutención. Este interés totalmente falto de escrúpulos llevará a las élites criollas de la isla a pronunciarse contra el gobierno colonial. Aprovechando así mismo la revolución iniciada por la base proletaria negra liderada por un humilde aguador, interpretado por Evaristo Marques.
Muestra de esta manera Pontecorvo el paso del Antiguo Régimen al Nuevo Régimen, pero como igualmente las opresiones se perpetúan, valiéndose en este caso del doble criterio económico y racial. La cinta en conjunto está filmada con bastante solvencia, con algunos de los planos típicos que caracterizan la obra de Pontecorvo que se recrean en retratar el patetismo y la miseria de las personas desamparadas. Así mismo graba con sentido etnográfico las celebraciones populares de la masa negra oprimida, el sincretismo entre sus costumbres ancestrales y el catolicismo impuesto por los blancos, dice en ese momento el gobernador colonial de la isla "toleramos sus primitivas costumbres y su copia de las nuestras para que permanezcan tranquilos y poco a poco sus tradiciones acabarán desapareciendo dejando paso a las nuestras".
Otro ejemplo claro de la dicotomía entre las élites criollas y las bases negras queda en los diálogos memorables entre los personajes de Brando y Marques. Brando presenta en todo momento la idea de que son los blancos quienes traen la esclavitud, pero Marques ya nunca más va a ser un títere, Marques es consciente de que solo poseen la fuerza de su trabajo y que mientras siga la explotación del ser humano por el ser humano no habrá libertad, concluye Marques en que si la civilización es cosa de blancos, el desde luego no la quiere.
El proceso histórico está detallado en muchísimos detalles, como se aborda el cambio de coyuntura entre el fin del gobierno colonial y la llegada del gobierno independiente de Queimada y como este facilita concesiones a empresas privadas británicas que a su vez correrán a sofocar las rebeliones fruto del descontento por la miseria vivida. Pues aunque nominalmente hayan dejado de ser esclavos, siguen siendo una masa oprimida explotada y sin ser dueños de la tierra que tan duramente trabajan.
En conclusión, Queimada es una película magistral que aborda magníficamente la problemática de la lucha de clase y el proceso de emancipación de América del Sur. Tiene algún fallo al colar estandartes españoles como estandartes lusos y que a fin de cuentas este proceso se dio mayoritariamente en las posesiones españolas y que en el Brasil fue ligeramente diferente. No obstante la ilustración de la problemática histórica es magistral y la técnica en la filmación de Pontecorvo acompaña adecuadamente el drama que envuelve esta ficción histórica.
En el caso de Queimada, la problemática que se aborda es la de los procesos de descolonización en América del Sur, concretamente en las Antillas y la zona caribeña. Una región con unas explotaciones agrícolas sumamente rentables y que la tierra estaba en manos de las autoridades coloniales que las explotaban teniendo a la población en un estado de esclavitud. Como en muchísimas islas del Caribe, la población originaria fue aniquilada y asesinada por la llegada de los europeos y la fuerza de trabajo recayó sobre los esclavos negros traídos del África Occidental Subsahariana.
Guillo Pontecorvo, en su imaginada Queimada hace que esta isla esté en posesión de Portugal y no de España, quizás motivos comercialización o de producción, Reino Unido no habría interferido en un aliado que además le hacía la zancadilla comercial a los intereses de la corona española. No obstante esta ambientación imaginaria sirve para ilustrar muy bien los diferentes procesos de descolonización que se llevaron a cabo tras las Guerras Napoleónicas en América del Sur.
Pontecorvo usa a Marlon Brando como representación de los agentes de la inteligencia británica dedicados a sembrar la semilla de la revolución entre negros y criollos contra el gobierno de la metrópolis. Aprovecha la obvia situación de injusticia para prender la hoguera revolucionaria que llevará a la inevitable expulsión de las fuerzas coloniales de la metrópolis.
En boca del personaje de Brando se plantea la dicotomía del verdadero fin de la esclavitud, es simplemente más barato para el patrón tener a la fuerza de trabajo asalariada que mantenerla esclava y librarse de este modo de su manutención. Este interés totalmente falto de escrúpulos llevará a las élites criollas de la isla a pronunciarse contra el gobierno colonial. Aprovechando así mismo la revolución iniciada por la base proletaria negra liderada por un humilde aguador, interpretado por Evaristo Marques.
Muestra de esta manera Pontecorvo el paso del Antiguo Régimen al Nuevo Régimen, pero como igualmente las opresiones se perpetúan, valiéndose en este caso del doble criterio económico y racial. La cinta en conjunto está filmada con bastante solvencia, con algunos de los planos típicos que caracterizan la obra de Pontecorvo que se recrean en retratar el patetismo y la miseria de las personas desamparadas. Así mismo graba con sentido etnográfico las celebraciones populares de la masa negra oprimida, el sincretismo entre sus costumbres ancestrales y el catolicismo impuesto por los blancos, dice en ese momento el gobernador colonial de la isla "toleramos sus primitivas costumbres y su copia de las nuestras para que permanezcan tranquilos y poco a poco sus tradiciones acabarán desapareciendo dejando paso a las nuestras".
Otro ejemplo claro de la dicotomía entre las élites criollas y las bases negras queda en los diálogos memorables entre los personajes de Brando y Marques. Brando presenta en todo momento la idea de que son los blancos quienes traen la esclavitud, pero Marques ya nunca más va a ser un títere, Marques es consciente de que solo poseen la fuerza de su trabajo y que mientras siga la explotación del ser humano por el ser humano no habrá libertad, concluye Marques en que si la civilización es cosa de blancos, el desde luego no la quiere.
El proceso histórico está detallado en muchísimos detalles, como se aborda el cambio de coyuntura entre el fin del gobierno colonial y la llegada del gobierno independiente de Queimada y como este facilita concesiones a empresas privadas británicas que a su vez correrán a sofocar las rebeliones fruto del descontento por la miseria vivida. Pues aunque nominalmente hayan dejado de ser esclavos, siguen siendo una masa oprimida explotada y sin ser dueños de la tierra que tan duramente trabajan.
En conclusión, Queimada es una película magistral que aborda magníficamente la problemática de la lucha de clase y el proceso de emancipación de América del Sur. Tiene algún fallo al colar estandartes españoles como estandartes lusos y que a fin de cuentas este proceso se dio mayoritariamente en las posesiones españolas y que en el Brasil fue ligeramente diferente. No obstante la ilustración de la problemática histórica es magistral y la técnica en la filmación de Pontecorvo acompaña adecuadamente el drama que envuelve esta ficción histórica.
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